miércoles, 29 de abril de 2009

Será mañana

  Será mañana, cuando la luz naciente te acaricie los párpados, y de repente despiertes, algo desorientada, con la radiante lucidez de quien ha de morir y lo había olvidado. 
  Pensarás en las palabras, en el ansia, en el artificio de los sueños. Entonces vendrá el abismo por un instante, porque no habrá escalones hacia ninguna parte, ni truco tras la magia, ni párpados que se cierren y se escapen, ni forma de negarse a ser parte de la nada.
  Te rendirás entonces, con los ojos somnolientos encallados en la pared o el suelo cotidianos, el techo o el armario de costumbre, y las manos aún lentas en el tacto de la almohada y de las sábanas calientes que te tapan.
  Y todo será más fácil, más sencillo, sin dudas ni preguntas superfluas. Tan sólo una suave calma, iluminada por el alba, y una felicidad porque al fin y al cabo tan sólo esto: cierta levedad y el recuerdo de antaño, cuando la muerte no era palabra, mientras regresas al mundo de los sueños, y también las estrellas se rinden y se apagan, como tus párpados, y el sol nos besa omnipresente la suerte de los labios.

lunes, 27 de abril de 2009

Atardecer

  Sigo detrás de la tarde, antes de marcharme lejos, sigo buscándola con el afán de la tristeza, con el afán de los pájaros que cantan la muerte sobre los árboles, con el afán del aire, que recorre sus calles despidiéndose.
  Sigo detrás del ocaso, como quien sigue a una lagartija entre hojas secas malherida, o mira a un gato tuerto cruzar por los tejados, con la misma ausencia del que dice adiós sin esperanza.
  Sigo detrás del incendiado horizonte hasta su muerte, con sus pájaros caídos en silencio, con sus árboles quietos y sin aire, con su instantánea en blanco y negro para el olvido.
  Luego me doy la vuelta y canto, adentrándome en la noche, porque sé que tras su abismo vuelve el mundo, y sigo vivo.

Infancia

  Sin pensar en las posibles consecuencias escaló hasta el último peldaño, se agarró fuerte al último hierro amarillo o azul, cruzó una pierna por delante y sobre si mismo se alzó todo lo que pudo hasta tocar el cielo.
  Luego miró a su alrededor, el mundo entero a sus pies, ya nada podría resistírsele.
  Era la grúa más alta de todo el barrio, y estaba deseando llegar a casa para contárselo a su madre.

Sin necesidad de argumentos

  La noche regresa
cuando la tarde aún es el recuerdo 
fresco de una sonrisa y miradas 
cruzadas y una ciudad vacía
y pasos nómadas y perdidos 
fuera del laberinto sin historia 
que suceda más allá 
de la muerte con el olvido 
barriendo nuestras huellas 
y una felicidad
sin necesidad de argumentos
atardecida.

domingo, 26 de abril de 2009

Quién sabe

  La noche, la media noche, la madrugada
con tus zapatos abandonados por el suelo 
los calcetines en paradero desconocido y ovillados
tú con los ojos cerrados sobre el lecho
medio desnudo, medio desnuda
tu pecho que palpita y lentamente se oxigena
tus manos a medio cerrar reteniendo fantasmas
tus pies desnudos como vigías del sur
tus piernas entregadas a los sueños
tu sexo en profundidades que yo tampoco sé
y tu vientre que palpita por momentos
mientras yo te escribo, y te invento
y quién sabe
si no has existido siempre.

viernes, 24 de abril de 2009

Primavera

En primavera el sol se suelta los cabellos
de luz dorada y los agita
como una bella joven con vaqueros que camina
por la calle como quien anda por la casa
descalza, en prendas menores, recien levantada
por la tarde y te besa los labios
o los de un vaso de agua 
fresca y por el ventanal de la cocina 
se refleja en el brillo de sus ojos 
su propia vida dorada, 
como tu deseo,
tu piel y tus palabras.

miércoles, 22 de abril de 2009

Además es más

La noche me recoge como un huérfano, me pregunta qué hago aquí, tan lejos de casa. Yo no sé qué contestarle, ni siquiera sé dónde está mi casa, ni quién soy, tan joven ahora, tan pálido, tan de sueño o pesadilla.

Lentamente me introduje en su silencio falso, en su murmullo incesante de realidades y secretos, nunca antes te había conocido así le dije, nunca antes te dejé me respondió, pero hoy estás buscando algo. Una vez mas no supe que decir, pero seguí caminando, entre brumas y cenicientas luces de estrellas o bombillas.

Poco a poco, con la noche acompañándome, comencé a recordar el atisbo de un sueño, de una nostalgia, o un poema de niño. No supe adivinar el porqué de ese recuerdo, mientras la noche me escudriñaba en su silencio.

Luego todo fue más fácil -la noche sonrió-, aunque al principio no estuve seguro de que aquella fuese tu casa, y por un segundo me costó traerte al flote de las sensibles aguas superficiales de la memoria. Supe que tú ya no estabas allí, como yo tampoco; supe que lo estuvimos, y entonces fue cuando lo recordé todo.

En aquel momento amanecía, la noche había desaparecido creo sin despedirse, una fría mano de luz recién abierta me acarició la espalda, era hora de marcharse. Quise recordarte aún más, reavivar el sueño y la nostalgia, pero no tuve más tiempo que el del poema para leerte sus últimas palabras:

"...y además es más:

nadie sabe lo mucho que te quiero."

lunes, 20 de abril de 2009

Receta de payaso (el escritor inédito)

Necesitas un poco de la ausencia, de la vieja sombra de la tristeza detrás de ti, con sombrero quizás o gabardina, dándole ese toque cinematográfico que a menudo a la vida le falta.
Necesitas un poco de dolor, ahogado y seco, de un solo trago, sin gritos y sin lágrimas.
Necesitas un buen caldo de recuerdos, viejos y manidos por el uso; las madres de la memoria en constante metamorfosis, su vertido al presente de colores y luces delatoras e inesperadas.
Necesitas soledad, y una lucidez oscura y profunda, somnolienta, que sepa buscar las puertas traseras del instante, que se niegue a desalojar a la angustia del sueño, que traiga a flote, con el afán indestructible del cazador, el surrealismo y la locura que nos hace.
Necesitas todo esto, cada vez que lo intentas, y te maquillas en silencio, con toda tu ausencia y tu tristeza; mirándote al espejo con el dolor a flor de piel, colgandote el vivo disfraz de recuerdos sobre los hombros, y la angustia como ridícula nariz roja y absurda. Lo último es el bombín de la soledad, mientras la gabardina y su parda lucidez te devuelven una sonrisa ensayada, desde el espejo del cuarto de baño como camerino de inéditos.
Así ya estás, de nuevo preparado, y así te sientas ante otra tarde para que dore con su silencio tus juegos de palabras.
(Y eres feliz, de nuevo en el escenario.)

domingo, 19 de abril de 2009

Saudade

Acabas de ducharte, te secas con una toalla azul de manos que apenas puedes atarte a la cintura y que huele a tabaco; te secas con el humo invisible y cultivado, es lo que tiene una habitación tan pequeña y el vicio del cigarro.

Te vistes con medio pijama -los pantalones- y una camiseta vieja de algodón de manga larga. Te sientas en la silla, la toalla en el respaldo, miras a través de la ventana y comienzas con los dedos:

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, es lo mismo mientras cae la tarde, y los árboles se tornan grises, perdiendo la luz verde de sus hojas, sombras ya acariciando el cielo rojo, como plumas o pinceles que lo pintan, que habrán de dibujarlo hasta la plena oscuridad del olvido y de la nada...”

Hoy tienes saudade, supones de la infancia -no eres tan viejo-, supongo de tiempos mejores, más felices, más lejanos al fin y al cabo, quién sabe lo que fueron.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, no sé dónde va, no sé lo que quiere. Los árboles me miran, me inquieren lo irrevocable. El cielo me mira, no sé lo que quiere, no sé lo que hace...”

Hoy tienes saudade, parece una excusa aceptable; vas a parar, un momento, para beber agua....y vuelves, abres la ventana -aún los pájaros cantan- invitando al humo a marcharse.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo escudriño, parece que se va a morir, parece que está triste...”

Hoy tienes saudade, y el cielo parece acompañarte, o así quisieras, o así nos cuentas.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo sopeso, qué voy a hacer contigo pienso, cómo puede ser que hasta mí hayas llegado para morirte, eres el primer cielo de mi vida entre mis manos; y vienes para morirte. Los árboles nos miran, te buscan, a mí no pueden pintarme...”

Hoy tienes saudade, sin saber exactamente qué significa, pero sintiéndola como el cielo entre tus manos; qué maravilla pensarían muchos, y estiran los brazos con las manos abiertas.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo sopeso, pero no pesa y ya se ha muerto. Ya se ha muerto pinceles, o plumas, u hojas de árboles. Ya sólo un gurruño, el papel de un niño dibujado.”

Hoy tienes saudade, y ya se va, y de camino viene el hambre, y el sol es ya sólo un recuerdo en la retina. A punto de acabar yo decidido imitarte, porque también es mía la nostalgia, y el hambre, y la tarde ida, y la noche que se abre para abrazarnos en uno solo en esta ciudad lejana. Déjame que te escriba, que me escribas:

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano; lo miro en silencio, lo sopeso, pero no pesa y ya se ha muerto, y va directo a la basura, como poesía caducada, el cielo y la saudade, como usado chicle sin sabor, porque la cena espera, y voy a lavarme las manos, y esta noche las sábanas soñarán con tabaco...

Tan lejos y tan cerca

"Llevabas cinco días muerta...”
Desde el balcón, mientras escribo, pienso en ti despierta, azul y verde, porosa y suave. Pienso en tus labios rojos de carmín, en tu mordisco, en tu sonrisa atravesando, como cristales de espuma, mi mirada ausente.
Mientras cae la tarde, y ya la noche asume el mundo y sus fantasmas, pienso en ti como nunca supe, cuando aún dormía sobre tu pecho, ignorante de la muerte, feliz supongo en el silencio de un paraíso inalterable.
Nunca supe y ahora sé, mientras escribo, y cae la tarde y los fantasmas, y tú ya no roja, tú ya no azul o verde, tú dormida, tan lejos y tan cerca, sobre mi pecho.
“Llevabas cinco días muerta... al igual que yo, con una pistola sobre la mesa.”