miércoles, 21 de abril de 2010

Liviano canto

Amenaza la luz con lluvia, tu rostro sucio lavado por el cielo.
Abril dudoso, de ramos de luz y flores, con sombras que se arremolinan tímidas en los rincones.
Llega el tiempo y se pausa, los relojes se contienen, y divisan y escudriñan en silencio el horizonte, tantas horas a punto de incendiarse, ahora espejismos de lo que aún no existe pero las agujas ya saben.
Todo cambia, hoy como siempre, ya olvidamos nuestro rostro de ayer, el que luchó por nosotros y ahora queda borrando huellas en la memoria.
Los pájaros se escuchan, incluso en las ciudades más hondas y oscuras, su canto llega hasta el frágil secreto de nuestro tímpano, para enseñarnos sin palabras.
Hoy me voy, más que nunca, y he de volver, inevitablemente, a estos mismos versos, zurcidos como silencio y escucha de la vida y de la luz, paraguas agitador de gaviotas y sombras, cuerda infinita del todo a la nada.
Esta primavera, como era de esperar, la luz amenaza lluvia, y los ojos sorprendidos rezan una oración que ni siquiera existe, ni tiene dios, ni versos ni palabras, y suena, tan liviana, como el canto de un pájaro.

martes, 20 de abril de 2010

Amor amor (I)

A Mercedes, siempre.
(Alegato)
Yo, que no sé más que de tus sueños,
yo que te sigo y te persigo
como un destino inevitable,
yo que aprendí de tu boca
el dulce sabor de la belleza,
y sobre tu pecho, infante cursi,
aprendí a soñar
de nuevo con estrellas.

Yo te quiero,
sin más acierto ni vergüenza,
yo apuesto contigo
mi corazón a todo o nada,
tú que eres
la luz en mi mirada,
mi esperanza y mi consuelo,
cuando vuelvo de la vida a veces
tan cansado,
y cuando vivo y vivo también
y parece, amor,
que el mundo no se acaba.



sábado, 3 de abril de 2010

a todos

...parece que la primavera, algo huraña, nos ha pillado por sorpresa...

domingo, 21 de marzo de 2010

Camino

Hoy vuelvo a mirarme en el espejo de mis zapatos sucios, me muerdo los dedos otra vez, repaso el desgarrado fondo de mis bolsillos, paso revista a mis miserias, y me beso con amor la herida. No recuerdo exactamente qué quedó a un lado del camino. Me late el corazón. Levanto la mirada, escudriño el horizonte, y sigo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Incluso la fiebre

La fiebre atenúa la luz, brinda oscuridad a los ojos, como un tenue velo de lluvia o niebla, como la borrosa imagen de una lágrima. La tarde alarga su sombra, que se abate sobre los tejados y las cabezas, las luces comienzan a brillar, y brota el neón equívoco de los sueños. En el interior de las casas los ecos crecen, y el silencio se condensa en las estancias, mientras por los pasillos cruzan fugaces y solitarios los murmullos de islas ausentes, señales de vida en duda, urgencias que laten. El tiempo es cuestión de los relojes, de las muñecas y las agujas, de los ojos, de los labios a punto de romperse, de las miradas a la deriva de la luz, de las manos entrelazadas y sin anillos, de las venas trémulas y enviudadas, de los goces y los aullidos, de los perros también, de la voz callada, de la lengua y su carne húmeda, del sexo y la tristeza, de la risa loca, del sentir sentir sentir, de lo invisible, de lo que no se toca, del cielo ausente, de sus frágiles e impotentes dioses, y de los muertos incluso: el tiempo, el tiempo y la tarde, y la fiebre y la lágrima, de los muertos incluso.

viernes, 26 de febrero de 2010

Ni siquiera eso

No sé qué decirte, tampoco sé quién soy. Puedo darte mis señas, mi dirección, mi edad, mi sexo, mi signo zodiacal, mi día preferido de la semana, el tipo de pasta que me gusta, mis miedos, mi angustia, mi ilusión y dónde cultivo mi esperanza, el color de mis ojos, mis recuerdos de niño, lo que quise ser cuando yo sea grande, los viajes que hice, los cielos y mares que crucé, la tierra que pisé con paso más o menos firme, mi deseo, lo que nace de un profundo rincón animal, el asesino que vive en mi inconsciente y el cobarde que lo acompaña, mi instinto paternal, cómo a veces puedo ser el mejor amigo y otras me entran ganas de llorar, puedo atreverme a quedarme desnudo frente a ti con el miedo a que me dispares en el pecho, enseñarte mi posición para dormir, cómo me gusta el café con leche, el número de azucarillos, mis libros preferidos, lo que espero de la vida, lo que no me atreví a hacer y lo que sí, puedo incluso intentar decirte la verdad de lo que pienso cuando te miro, mi odio y mi amor unidos, mi crisol de realidades, cuándo sueño con palomas, plazas y un abrazo, cuándo quisiera estar tan solo en el mundo y cuando me moriría si nadie me diese la mano, puedo contarte de qué podría llegar a ser capaz, para bien o para mal, dónde nací y los aromas que me habitan. Puedo darme a ti hasta la injusticia, entregarte mi última dignidad de vivo. Sin embargo ni siquiera así podrás dar conmigo, porque soy algo mucho más allá de todo esto, que ni siquiera yo sé.

Inspiración

La inspiración es el camino al inconsciente.

viernes, 12 de febrero de 2010

Sexo literario

Recitas como Dios
me dijo mientras recogía los libros de la cama
y encendía un cigarrillo de la mesita de noche.

Tú también
le contesté y seguí
limpiando los restos del orgasmo entre las páginas.

domingo, 7 de febrero de 2010

Sabidurías

No sé si sabes que yo supe que sabías
aquello que yo sé desde que sabes
que yo he de saber
inexorablemente
todo lo que sepas.

martes, 2 de febrero de 2010

Wanted

Para encontrarme he decidido asaltar con sigilo mi casa, abrir silenciosamente todas las puertas, y escrutar casi a oscuras todas las estancias. Luego al alba descorreré las cortinas, para que la luz de la mañana ilumine delatora todas las dudas y rincones que hayan podido quedar intactos.
Entonces proseguiré por la cocina, atisbaré entre armarios y cajones en busca de alguna huella de mi vida, empezaré por el azúcar y el café, galletas e infusiones, conservas varias y al fin el frigorífico; los aromas siempre esconden recuerdos, alguna picante pista o una agridulce nostalgia ya caduca; no guardo sin embargo muchas esperanzas en los guisantes congelados o similares provisiones bajo cero.
En el aseo sólo me interesa el cepillo de dientes y la máquina de afeitar, y el olor de las toallas, y los restos de mi rostro en el espejo.
Al llegar al dormitorio es posible que el sueño comience a vencerme, y tras palpar a ciegas el íntimo tacto de las sábanas, y mirar debajo de la cama, abriré el armario y memorizaré los colores de todas mis camisas, y me acostaré, arropado hasta los labios, para descansar un poco de mí mismo y de la vida.
Y si todo sale según lo planeado me despertaré, y acabaré de nuevo en el salón, haré café y abriré algún paquete de galletas, y sentado en ese viejo hueco que el sofá me hizo con el paso de los años, pensaré que todo ha sido un sueño.