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sábado, 31 de julio de 2010

Horizonte

El horizonte entero cabe reflejado
en el ojo de un caballo que galopa
con crines incendiadas...

viernes, 25 de junio de 2010

La mesa

Él regresa a la vieja mesa, no se le conoce el rostro, aparta la silla de madera y se sienta. Apoya los codos de pana sobre el polvo que ilumina la ventana como pátina del tiempo decantado. Sus pantalones verdes también son de otra época, gastados pero dignos, sus zapatos atesoran el rastro de sus huellas y el color de la memoria. Nuestro hombre guarda el silencio que no roba a la tarde, que más allá de los alféizares se pierde en un bosque verde, profundo y vivo, donde el grito de los pájaros hace de guardián excelso de lo que no se escucha.
Las manos del hombre, ya maduras, recogen alguno de los amarillentos cuadernos de tapa negra que persisten como signos de un pasado cierto, y lo abren con la suavidad de quien guarda aún el poder del asombro.
El rostro ausente tiembla, por un segundo, una pequeña brisa levanta el polvo de la mesa que queda suspendido en el aire, atravesado por la luz ensangrentada.
Esa mesa nunca ha sido suya, pero sí esas palabras, que ya soñaban con él, en la tinta y la mano del tiempo del padre de su padre.


lunes, 14 de junio de 2010

Coordenadas

Escribo a orillas de la tarde, sentado con los pies colgando en el acantilado de la noche, solo con luz y vino en un lugar y un tiempo llamados postmodernos, y que conforman las coordenadas de mi vida.
Escucho como llega la noche, a modo de sonidos de pájaros que mueren en un fugitivo y último vuelo, el fugaz relámpago de una bicicleta cruzando el instante, voces de personas que se apagan y desaparecen en la faz del tiempo que transcurre.
Yo sigo aquí, sentado y escrutando el horizonte abstracto del mundo, su último e imposible significado, el mío propio, mi yo más íntimo, en medio de tanto todo y tanta nada, en medio de una vida -extraño ser- que sé cuando empezó, y no sé cuándo acaba.

sábado, 6 de marzo de 2010

Incluso la fiebre

La fiebre atenúa la luz, brinda oscuridad a los ojos, como un tenue velo de lluvia o niebla, como la borrosa imagen de una lágrima. La tarde alarga su sombra, que se abate sobre los tejados y las cabezas, las luces comienzan a brillar, y brota el neón equívoco de los sueños. En el interior de las casas los ecos crecen, y el silencio se condensa en las estancias, mientras por los pasillos cruzan fugaces y solitarios los murmullos de islas ausentes, señales de vida en duda, urgencias que laten. El tiempo es cuestión de los relojes, de las muñecas y las agujas, de los ojos, de los labios a punto de romperse, de las miradas a la deriva de la luz, de las manos entrelazadas y sin anillos, de las venas trémulas y enviudadas, de los goces y los aullidos, de los perros también, de la voz callada, de la lengua y su carne húmeda, del sexo y la tristeza, de la risa loca, del sentir sentir sentir, de lo invisible, de lo que no se toca, del cielo ausente, de sus frágiles e impotentes dioses, y de los muertos incluso: el tiempo, el tiempo y la tarde, y la fiebre y la lágrima, de los muertos incluso.

domingo, 7 de febrero de 2010

Sabidurías

No sé si sabes que yo supe que sabías
aquello que yo sé desde que sabes
que yo he de saber
inexorablemente
todo lo que sepas.

jueves, 28 de enero de 2010

Algo así

Era enero, un cielo gris y húmedo, algunos kilómetros más cerca de la infancia, la lejanía del horizonte cuando se incendia, una metáfora, las calles y olores de una ciudad secreta, sus luces, su silencio, sus voces repetidas por cientos de bocas y lenguas y dientes.
Era tu rostro, algo así como el recuerdo de unos ojos confiados y escondidos tras una taza de café, el aire fresco de cualquier mañana blanca, la respiración ausente de tu cuerpo desnudo y también ausente al otro lado de la cama.
Era el momento en el que escribo con la cabeza en otra parte, en otro tiempo futuro, en un salto al vacío con red de pasado. Es este cigarrillo ardiéndome en los labios, este presente que consumen mis latidos, este saberte cerca al otro lado del teléfono.
Es esta cena de ensalada, esta digestión frugal, esta felicidad en vilo cuando felicidad es algo más que una palabra y es algo así como un misterio, como un enero tan distinto, y un contingente proyecto de futuro.

martes, 29 de diciembre de 2009

Lluvia Vieja

La lluvia cae tímida pero segura, constante y pertinaz dispuesta a invadir el mundo, a no dejar ninguna raíz en el alma sin cultivar, a negarnos el olvido de ser indefensas semillas a la intemperie del cielo y de la vida.
La lluvia viene de lejos, cargada de una memoria espesa, pesada de recuerdos y gris nostalgia, de infancia en fin, de oxidados alambres y azoteas, de primitivos días muertos.
La ciudad asume la condena de las alcantarillas, como bocas ahogadas por un cielo de alquitrán, las manchas y cicatrices de sus fachadas en declive, el reflejo de un sol frío y gris en los altos edificios de cristal.
Tú me miras como hace muchos años, allá al fondo de ti misma reverberan viejas esperanzas, una juventud ya caduca, una sonrisa desgarrada y desnuda frente al mundo. Eran otros tiempos, otras sábanas, cielos más livianos, perentorios en su afán de viaje, fue descubrir el mundo a cada paso, de sonrisa en sonrisa y de vaso en vaso, llorar como lloran los incrédulos, refugiándonos en ilusiones y pasión con la cursi pose con la que se miran las estrellas.
Tú me miras y te amo, fíjate qué cosas, a mitad de una vida y de camino a sobrevivirnos a nosotros mismos.
Hoy te amo como nunca y para siempre, fíjate qué vulgar, hoy que la lluvia enternece todas las raíces, y el calendario se acaba y el otoño que barre las últimas hojas, y yo daría mi vida por ti.


(Feliz nuevo año y gracias a todos por vuestra compañía y vuestras palabras, un sincero abrazo desde mi raíz).

domingo, 20 de diciembre de 2009

El instante

Todo consiste en esto, en intentar decirlo bonito: el frío, la humedad, la oscuridad violada de la ciudad, el silencio del piso, los pasos más allá en la escalera, el calor del hogar, el estornudo y los pañuelos, el tic-tac del reloj de propaganda, diciembre, un año más, muchas de las cosas de siempre y otras tantas fantasías, el nuevo calendario, la nueva crisis, el corazón igual, con sus propios calendarios y sus íntimas crisis, la duda existencial que la televisión apagada respeta, todo lo que quisimos ser y esto que somos, todo lo que ansiamos mientras la vida pasa y este borrador se graba, ineludiblemente, un presentimiento oscuro de que lo peor siempre está por llegar, las pelis alquiladas de domingo, un sentimiento así como la levedad, un recuerdo borroso y dulce de Kundera, una vista rápida a los pocas líneas hasta ahora escritas, un sentir patético, el joven jazmín en el alféizar, mi nueva adquisición, el palo del brasil que extraña su tierra y duda si vivir o morir en la nostalgia, la botella de vino a medias, ni llena ni vacía, un sabor maravilloso que llega a las entrañas, un regalo de navidad, un susurro hipomaníaco de fortaleza y juventud, un oscuro brillo triste de algunas otras batallas perdidas, cientos de cosas aún pendientes y por hacer, unas ganas inmensas de vivir, o sea de escribir... Esto es, a grandes rasgos, mi vida ahora.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Otoño experimental

Ya va siendo hora, susurras, y el aire frío hace tiritar mi piel, y el vaho de tus palabras empaña mi laberinto mientras la húmeda y macilenta luz de la noche urbana se hace hueco entre nuestros ciegos huesos.
El otoño, indefectiblemente, nos va dejando desnudos, poco a poco, a lomos de silencio, tu memoria queda a la intemperie y tus recuerdos son perros que ladran a la luna, habitantes solitarios del arrabal y el abandono.
Mis mudas manos te buscan en los últimos rincones del pasado, atrapados como barcos hundidos en el acuoso olvido de tus iris, verdes como el musgo de los estanques callados.
Mira, como caen las hojas de los tristes esqueletos blancos erguidos hacia el cielo, tocan sus dedos lo celeste, lo rayan y lo arañan, como esperanzas desesperadas.
El olor a mar llega recorriendo callejones y malditas aceras, llaman a la puerta los astros desterrados de la ciudad, tú los almacenas entre botellas de vino, en la cocina atesoras tu tráfico de estrellas.
Ya va siendo hora, susurras, y ya sé que has decidido adelantarte al destino, y ya sé que mi vida no habrá de sufrir todo el dolor que da el recuerdo, quebrando la piel y los andamios del latido.
Sin más me agredes, me rompes el cuerpo a dentelladas, y todo yo me derramo, entre oscuras luces, en versos no nacidos.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Metamorfosis

Saliste a la luz cuando la noche entró en su curva más oscura, llevabas el pelo revuelto y el aroma de quién regresa de un sueño o de otra vida. El aire frío alborotaba tu piel amada, y tus labios tiritaban el rojo rastro del amor.
La luna nueva era la ausencia de otra luna más lejana, olvidada en algún rincón de la memoria o el cuerpo alucinado. Eras tú o no eras tú, en un paisaje extrañamente conocido.
Qué hubo de quedar en el lecho más profundo de la noche, crisálida muerta una vez rota tu membrana.
A base de espasmos y gemidos, por primera vez saliste a la luz de la noche oscura, y echaste a volar, y con tu luz fuiste incendiando el mundo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La propia vida

La mañana era una nueva salida de ruta, el movimiento negro de un primer peón acojonado, el atajo hacia ningún sitio, el paisaje vasto y aciago bajo la mirada de un rey incrédulo.
La luz cegaba hasta las sombras y la música hacía lo propio con el miedo. Tú mirabas el reloj con la ambigüedad del que no sabe si sigue vivo, ni siquiera si quiere seguir viviendo.
El mundo era entonces lo que siempre soñamos, un vagar sin dueño, una libertad idílica, un todo para nada. Y sin embargo la luz hería, como hiere la distancia y el olvido de las voces familiares. Ya estábamos allí, ya habíamos llegado, livianos como el aire, y sin saber qué hacer con tanto vasto sueño, con tanta inmensidad vacía.
Dimos la vuelta en el primer cambio de sentido, los alfiles apostaron en oblicuo, y al destino lo alcanzamos con un brusco giro de caballo. Las raíces simplemente hicieron el resto, de regreso al único lugar que nos pertenecía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Cotidianidades

Hacer la cama es como ordenar el mundo, cada mañana, con la nueva luz y la presión de la sangre estrellándose contra las paredes del corazón, descubrir el lecho de los sueños y limpiarlo de pelos y señales, rastros de realidad desprendidos por lo vivo antes de cruzar los portales de lo eterno, es ordenar la vida, preparar el cielo y las pupilas, estirar las sábanas en un gesto de supervivencia, alisar la colcha sugiere algo así como el amor, o la ternura de esponjar las almohadas hundidas por el peso de los sueños, restaurar el mundo, rehacerlo al capricho de nuestras manos, hacer la cama es casi un ritual, casi un exorcismo para la piel que anuncia su regreso si el crepúsculo la salva una vez más, y sin embargo, las sábanas deshechas, la colcha arropando el suelo, los rastros descubiertos por la luz, naturaleza muerta que conmemora lo ya pasado aún humeante entre las brumas y los fantasmas en disolución de la mañana, desordenar el mundo es también un acto humano, orden y desorden de la razón, porque el mundo nada, el mundo discurriendo, el mundo ajeno a lógicas, filosofías, psicoanálisis y morales, el mundo y su secreto matemático, y la vida y el olvido medidos en años-luz y en cómo brillan las estrellas. Y Dios, un sarcasmo de lo absurdo, recogiendo miedo como peces con sus redes de silencio -quien calla otorga- y los hombres que gritan, hechos y deshechos, y la vida sigue, hipertérrita, y atrás quedan, tras puertas y llaves, las realidades más anónimas, más íntimas, más secretas: los lechos de la vida, los mapas de la historia que cuenta, como piezas de un puzzle, todas las historias.

miércoles, 14 de octubre de 2009

En la oquedad del horizonte

Caminabas tan lenta que el mundo se hizo tarde, incendiado y silencioso, quemando las huellas a tu paso; el crepúsculo vino de abajo a arriba, convirtiendo el paisaje en una suerte de sueño escarlata, mientras de tu pelo rojo surgían aves migratorias, inventando en su vuelo las distancias, y arrastrando la vida con su grito. Atrás no fue quedando nada, apenas un estertor de olvido en la oquedad del horizonte.
Caminabas tan lenta que el mundo se fue alejando, con tus pájaros y su cielo, para dejarte a ti como estatua de ceniza entre todo lo vivido.
Ahora aquí también sobrevuelan aves extrañas el cielo, y gritan vivas el éxtasis de lo que existe, con las puntas quemadas de sus alas, y vivos cabellos rojos en sus picos.

domingo, 4 de octubre de 2009

La muerte, ese lugar común.

No me importa morirme, algunas veces es casi un deseo irrefrenable. Cuando la noche se alarga, y las miradas acuosas de otros mundos enfrentados se ahogan en el océano de la tuya y viceversa, y el alcohol festeja los cuerpos, y las palabras son pan que se comparte y se degusta con los mismos versos de lenguas y saliva. No me importa morirme entonces, en las excelsas cadencias de la sima, cuando todo es oscuridad y los corazones laten como luciérnagas en vilo. Es entonces cuando más vivo me siento, cuando grito todo el silencio que anida en los resquicios de mis días, y estos se liberan y se insuflan como pulmones olvidados, y vuelve una vez más el olor a mantequilla de antiguas mañanas, y el irresistible amor por las azoteas.
No me importa morirme de vez en cuando, y supongo que esto no debe de ser malo sino todo lo contrario. No está mal morirse de vez en cuando, morirse de a poquito, para ir renaciendo así, como quien no quiere la cosa, como luz que entra cada día por la misma rendija, de la misma persiana, del mismo balcón, iluminando el mismo párpado maravilloso que una vez pudiste ser tú y que quizá lo fuiste y ya no importa; y yo a tu lado, con mi cuerpo abrazado al tuyo, así tan simple, sin más metáforas que la desnudez y el sexo, y el sueño y el orgasmo, y la paz y el éxtasis, y sí quizás eso era amor, y así como tú, la luz también, yo sobreviviendome de a poquito.
No me importa morirme algunas veces, y volver a despertar y seguir sobre el mismo verso columpiado por los días inventados que me sostienen para no caer, en algún paisaje perdido de mi propia biografía, a la que algún día dejaré huérfana de padre, madre, hijo y espíritu santo.
La muerte es un secreto inconfesable que sólo conocen los muertos, sin embargo sólo nosotros podemos jugarle la partida, retarla hasta sesenta veces por minuto: la muerte o la vida, de eso se trata al fin y al cabo; la suerte de los dados también está en la mano que los tira.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Lluvia

Hoy llueve como cuando la infancia y las nubes y la brisa y el olor a lluvia o sea a tierra mojada y el ruido de las gotas estrellándose contra el suelo y los tejados con los ríos desbocados de los canalones y el rugir de la uralita hoy llueve y el tiempo es un fotografía de entre-párpados bajo soportales de un patio lejano y el gato que ronronea sobre la mesa y buganvillas y palmeras y entonces cuando viejo quiero decir cuando joven geranios y jazmines y un palomar abandonado y la lluvia igual igual igual como su olor y esas cuerdas tan iguales en el mundo que sostienen su horizontalidad de alambre oxidado para tender la vida siempre tan iguales esas cuerdas con las mismas siempre iguales gotas transparentes cristalinas puestas a secar en fila india horizontal de perlas que la mano cosecha y chupa la lengua porque esas cosas se hacen cuando viejo quiero decir cuando joven y se sueñan entonces también amores cosas prohibidas la dulzura de la piel tersa y blanca por vez primera mientras la lluvia caía en un rincón del paisaje se sueñan y se palpan tiritando y no de frío húmedo y no la lluvia se saborean hasta el gaznate los pezones de la tierra húmeda esas cosas sin más malicia que el deseo tan intensas y tan lentas a pequeñas dosis de lluvia porque lo desconocido es miedo y deseo cuando joven o viejo qué más da cosas que pasaban hace muchos años y hace tiempo que olvidé pero al menos hoy la lluvia y esa húmeda nostalgia.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Entretiempos y tristezas

Hoy la luz es blanda y gris como algodón recién nacido, aún en el caparazón verde que poco a poco se abre y se mustia, para que el aire goce del laberinto de su tersura, y eche a volar las oscuras semillas que repitan su historia.
El tiempo hoy parece estar destensado, alguien debió olvidarse de darle su toque justo, porque alguien debe de ocuparse de ello a cada madrugada, mientras el resto duerme, alcanzar los cables en quién sabe qué rincón del mundo, y ajustar con un viejo destornillador las clavijas para cargar luego sobre ellas el peso de su propia vida, por un instante, y medir a ojo de buen mortal los niveles de angustia y miedo que serán capaces de soportar las siguientes veinticuatro horas. Y hoy sin embargo ya te digo, los minuteros se sienten destensados y casi se retrasan, y no obstante la angustia y el miedo persisten, colgadas como ropa mojada al viento de la memoria y el olvido. Entre ellas me encuentro, mientras los perros ladran más allá de las ventanas y a orillas del horizonte incompleto, y la luz se detiene en los alféizares para dar la justa sombra de intimidad a lo secreto y la personalísima vergüenza, y la tarde se derrumba como un viejo castillo de arena asediado por las olas mientras la marea crece como crecen las velas de los aniversarios, y las arrugas y el mundo y una historia con mil historias que sobreviven aunque lejos.
Hoy la luz es blanda y gris como algodón recién nacido, y la tarde se despeña desasida y destensada, y el tiempo marcha con retraso, y los perros y la noche ya han reñido por vez primera, y yo sentado en el sofá con los restos de minutos y de luz abandonados, dejo que por fin la noche llegue, para que las sombras y las eléctricas y amarillentas secretas luces, den el escenario justo a esos hombres y mujeres que aguardan con ganas de llorar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Septiembre

Septiembre se parece a una sombra fugaz de golondrina, al silencio verde del lagarto bajo la cueva, a la brisa esperanzada de las nubes, a la frescura sobreviviente y apaciguante de un incendio cuando se apaga.
Septiembre nos devuelve a una realidad confusa, a medio hacer, inconcreta, al espacio aún extraño de un sueño evaporado y un cántaro de ideas que se mezclan con angustias y deseos.
Septiembre es la revelación de las fotografías, y cuando se siembra la nostalgia para recogerla en un futuro desconocido. Septiembre es un mes en blanco, entre luces y sombras, el inicio de un viaje sin un claro destino.
Septiembre siempre es para los que sobreviven, para los que consiguen cruzar los desiertos del tiempo y el alma, para aquellos a los que el agua bendijo en algún rincón de la canícula, para los que tuvieron suerte y la encontraron.
Septiembre es un país de vivos, un tiempo de privilegio, un portal para la muerte que se avecina al fin de sus días, un horizonte abierto a todo lo posible y a algunos imposibles que definen el concepto de milagro.
Septiembre es el reparto de papeles, la asunción de los destinos, una explosión de mil caminos, una duda, una incertidumbre tan veraz como la vida, y la muerte, que brinda con septiembre su agonía.
Y septiembre es al fin, también y tan pequeño, ese rincón insólito e ignoto, de luz y tiempo, en el que yo nací a la vida.

jueves, 27 de agosto de 2009

Solárium

  El sol relame las babas de la noche, y traga cada sueño hasta el incendio. La mañana queda como una vasta llanura de arena blanca donde el sol va sembrando aristas, sombras, alturas, horizontes, algún color que luego parirá, párpados que se abren y vuelven a cerrarse, corazones, como gotas de lluvia carmesí que al caer revientan en historias y ciudades, y caminos y mapas, e Historia y Geografía, y luego las fronteras, la política, el miedo, la pobreza, la ignorancia y algunas palabras visionarias. Nacen libros y cables, e Internet, un mundo más falso todavía, o más real, ya nacerán los críticos, los sabios, los iguales a ti pero que son los que deciden. También afloran pensamientos acelerados, racionalidad, civismo, odio y los caníbales, instintos que siempre estuvieron allí, islas que aún no han sido descubiertas, y nombres, lo más absurdo y sublime, para nombrarlo todo y a todos, palabras como balas que hieren más profundo y más eternamente aunque a veces el viento se las lleve. Y así todo, así yo también, y tú, y ellos, y una historia inacabada con todas las historias, y milagro que quién sabe, lo que tiene el despertar en el mismo sitio en horas diferentes. La noche es magia y un ancestral aullido de tambores.
  En fin el sol lo relame todo, para luego volver a ponerlo todo en su sitio.

martes, 25 de agosto de 2009

Soledades

  A veces nos quedamos tan tristes que nos quedamos como ausentes pero sin el como, mientras ante nuestros ojos cruzan gorriones y golondrinas, o algún jilguero o periquito que supo abrir su jaula y pasar a mejor vida, y un cielo azul también como imaginas.
  A veces supongo que te echo de menos, como echo de menos a veces la palabra, el instante justo, esa inspiración tan esquiva y nerviosa, esa musa de los escritores y los artistas que parece prostituta porque todos la soban y la bendicen, la ansían y la buscan, pero quién sabe si alguno la paga.
  A veces nos quedamos a medias, muchas veces nos quedamos a medias, a mitad de un polvo o una palabra, nunca es fácil, todo tiene su intríngulis, y no siempre es sencillo escribir o darse por completo, aunque a ratos lo parezca.
  A veces mírame, dando vueltas y sentado sobre un escalón de piedra cualquiera, pensando en no sé qué que sería mi vida mientras la vida pasa, y así me quedo, recordándote también a ti que no te conozco -que no te conoceré porque tampoco es necesario y sin embargo así es más fácil y más hermoso-, como un yonqui de la nostalgia, colocado de melancolía porque quiero, porque no tengo intención de desintoxicarme, porque el día que lo haga echaré de menos estos ratos, y entonces sí, es probable que el a veces triste no sea yo sino mi vida.

Sueños

  Es imposible de alcanzar. Nunca lo conseguiré. Sí, es cierto, soy joven, y podría apostarlo todo y probablemente ganaría, al menos por un tiempo; es ley de vida. Supongo que muchos otros lo intentaron antes, también estuvieron aquí, donde yo estoy, en este mismo lugar, colgados de la misma cuerda, de la misma duda, aunque claro cada cual tiene sus ojos y una mirada diferente, y un horizonte íntimo, también diferente y tan íntimo, plastificado en el fondo de la cartera.
  Siempre quise saber lo que se sentía en los momentos de decidir cosas importantes, saber a qué sabía tanta inseguridad, tanta ignorancia y tanto deseo; y la verdad es que no sabe mal, el corazón se te acelera y los sentidos se agudizan, y parece que la vida es más vida que nunca, y la muerte, bueno la muerte es algo que simplemente es, un secreto universal e inconfesable.
  Ahora, al borde del abismo, cuento mis fuerzas y hago reflexión de lo que queda, de lo que fue, y de lo que será quizás si lo consigo. Quién dijo que perseguir un sueño fuera fácil, pero más difícil es vivir quizás, atado a la rutina gris de la nube mañanera y puntual de un día igual a otro y ninguno parido desde el propio ansia y el propio grito, ese que tantas veces se ahogó para no molestar a los vecinos.
  Hoy sin embargo tengo varias opciones pero no sé si de mí dependen, y me pregunto ahora si alguna vez tuve esa posibilidad de elegir, si la vida es realmente un cúmulo de decisiones propias o viene ya prefabricada con nombre y apellidos y todo lo demás es un cuento de libertad.
  El horizonte se abre con una esperanza yerta y una inmensidad inconcebible, su alucinada luz me daña los ojos, y yo quisiera tener tiempo de sacar una vez más mi particular horizonte íntimo y darle un último beso frío, para quedarme algo más tranquilo, porque ya por fin sé que es lo último que me queda, tras contar mis fuerzas, que ya nada será más, y que éste próximo que me espera, sí será un sueño interminable.


* A Óscar Pérez, in memoriam, que me inspiró este relato. DEP