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martes, 27 de julio de 2010

Palabras de tarde

Hablo de nuevo, apuesto la mirada a la tarde, la dejo vagar por entre sus somnolencias, por entre sus luces a punto de morir, sus aires como gasas, su sol en blanco, sus humedales, su tierra ocre, su laberinto de aceras grises, sus infinitos pasos, sus miradas que huyen o se recuestan, su color fugaz de pájaro herido que busca el cielo, su silencio y las palabras que nacen como frutos huérfanos para llevarnos a la boca, y alimentar algún lugar dentro de nosotros, y hacerlas nuestras, tan nuestras, irremediablemente.
Apuesto a la tarde, hablo de nuevo, me pienso, es decir pienso en todo y en nada, si eso es posible al mismo tiempo. Me siento pensar, me agoto, me lleno, huérfano de todo, solo como todos, busco las palabras de los otros, ancestrales, más allá de mí, donde existo en los otros, más allá de la matriz primigenia de la nada a la vida, más allá de la muerte en los otros.
Y me pienso: no he dejado de respirar, sigo vivo, me despierto en la noche y confuso descubro que sigo vivo, que la muerte sigue siendo una falsedad enorme, una lejanía de horizonte que no ha de llegar nunca, hasta que el mundo se acabe en un abrir y cerrar de mis ojos.
Hablo de nuevo, apuesto la mirada a la tarde, y la tarde se apaga, y apuesto mi vida, y sonrío esperando en la noche a la mañana, y pienso en ti, y en todos, y vivo, y vivo, y sumo y sigo.

martes, 13 de julio de 2010

Alucinado

Aquí dormido, callado, silencioso, abro repentinamente los ojos, me acerco al espejo, me miro, me palpo los párpados, los pómulos, las pestañas, me beso los huesos de las manos, me tiro del pelo oscuro que no se cae, lo meso. Me giro desnudo y me visto con la ropa que arropa el suelo. Vuelvo a girarme, me acerco de nuevo y me beso en el espejo. Una sonrisa empieza a surgir, como una flor de acantilado en el olvido, enajenada y roja, imposible. Salgo a la calle de una tarde larga como el tiempo, como el sueño, como el ansia. Camino las aceras de la vida repentina e inconsciente. Veo a tantos sin ver a nadie. Flor enajenada e imposible. Y sin embargo, lúcido y desarmado arribo a tu balcón, y te grito, y te llamo una, dos, tres, infinitas veces, mientras las cortinas blancas se mecen al ritmo de la brisa, hasta que tu cara sorprendida rompe la fugaz eternidad, flor blanca de arena y agua, y yo te grito, alucinado y amante, que no vamos a morirnos nunca.

jueves, 8 de julio de 2010

Mentira

(mentira. 1.f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
2.f. Errata o equivocación material en escritos o impresos. Se usa más tratándose de lo manuscrito.
3.coloq. Manchita blanca que suele aparecer en las uñas.
4.coloq. Chasquido que producen las coyunturas de los dedos al estirarlos.
R.A.E.)

¿En qué consiste la mentira de las palabras,
sus uñas manchadas?
¿En hacernos más felices? ¿Más hermosos? ¿Más siniestros?
¿O simplemente en la necesidad de no saber,
de negar la realidad de una muerte absoluta?

La tarde se abre como una flor marchita
brindándonos olores de la infancia
sueños que ya fueron
tantas muertes sin más sentido ni razón
que las del tiempo y la materia.

¿En qué consiste la mentira de tus palabras
de mis palabras en la historia construida
con la grafología del instinto
y un saber tan ciego y tan amargo
y un crujir de dedos despreciable?

La tarde es una boca de lobo
que lame a sus cachorros
es decir nuestras palabras
como puñales de afán exacto
de mentiras inmortales.

miércoles, 7 de julio de 2010

Escribo

¿Por qué escribo? -me pregunto
¿Por qué la necesidad de crear? ¿Crear el qué? ¿Para qué?
El sudor me corre desde la frente hasta las cejas, se escurre por la sien hasta los pómulos y cae sobre la mesa.
Gotas de sudor. La luz eléctrica ilumina este rincón de la noche.
Afuera los perros ladran.
¿Por qué escribo? -me pregunto
Nadie sabe si amanecerá mañana.

jueves, 13 de mayo de 2010

Página en blanco

Sueñas con noches largas, al filo de un precipicio blanco. Miedo a no saber volar, cansancio, pereza, urgencia que la vida da, como un tren a medianoche. Paisajes de entresueños, paisajes que se difuminan borrosos y fugaces a lo largo de la ventana de los días y los años. Siempre queda un rincón, algunos minutos para la nostalgia, algún cadáver de entre todas las horas consumidas que revela la oscura atracción hacia la muerte, cálida, también por un instante. Las mismas palabras que caen como gotas de un grifo roto, intemporales medidas de tiempo en combustión eterna. Palabras que van ahondado el hueco sobre la piedra, sobre el alma vieja y universal, y pequeña, e intangible, acá adentro bajo el pecho, un latido incandescente. Y nos queda, al final de todos los destinos, al final del tiempo y de la vida tan eternos, sólo una lágrima imperiosa, una sonrisa indestructible, y el amor, siempre el amor, más allá de todo lo que existe.

miércoles, 21 de abril de 2010

Liviano canto

Amenaza la luz con lluvia, tu rostro sucio lavado por el cielo.
Abril dudoso, de ramos de luz y flores, con sombras que se arremolinan tímidas en los rincones.
Llega el tiempo y se pausa, los relojes se contienen, y divisan y escudriñan en silencio el horizonte, tantas horas a punto de incendiarse, ahora espejismos de lo que aún no existe pero las agujas ya saben.
Todo cambia, hoy como siempre, ya olvidamos nuestro rostro de ayer, el que luchó por nosotros y ahora queda borrando huellas en la memoria.
Los pájaros se escuchan, incluso en las ciudades más hondas y oscuras, su canto llega hasta el frágil secreto de nuestro tímpano, para enseñarnos sin palabras.
Hoy me voy, más que nunca, y he de volver, inevitablemente, a estos mismos versos, zurcidos como silencio y escucha de la vida y de la luz, paraguas agitador de gaviotas y sombras, cuerda infinita del todo a la nada.
Esta primavera, como era de esperar, la luz amenaza lluvia, y los ojos sorprendidos rezan una oración que ni siquiera existe, ni tiene dios, ni versos ni palabras, y suena, tan liviana, como el canto de un pájaro.

martes, 20 de abril de 2010

Amor amor (I)

A Mercedes, siempre.
(Alegato)
Yo, que no sé más que de tus sueños,
yo que te sigo y te persigo
como un destino inevitable,
yo que aprendí de tu boca
el dulce sabor de la belleza,
y sobre tu pecho, infante cursi,
aprendí a soñar
de nuevo con estrellas.

Yo te quiero,
sin más acierto ni vergüenza,
yo apuesto contigo
mi corazón a todo o nada,
tú que eres
la luz en mi mirada,
mi esperanza y mi consuelo,
cuando vuelvo de la vida a veces
tan cansado,
y cuando vivo y vivo también
y parece, amor,
que el mundo no se acaba.



viernes, 26 de febrero de 2010

Ni siquiera eso

No sé qué decirte, tampoco sé quién soy. Puedo darte mis señas, mi dirección, mi edad, mi sexo, mi signo zodiacal, mi día preferido de la semana, el tipo de pasta que me gusta, mis miedos, mi angustia, mi ilusión y dónde cultivo mi esperanza, el color de mis ojos, mis recuerdos de niño, lo que quise ser cuando yo sea grande, los viajes que hice, los cielos y mares que crucé, la tierra que pisé con paso más o menos firme, mi deseo, lo que nace de un profundo rincón animal, el asesino que vive en mi inconsciente y el cobarde que lo acompaña, mi instinto paternal, cómo a veces puedo ser el mejor amigo y otras me entran ganas de llorar, puedo atreverme a quedarme desnudo frente a ti con el miedo a que me dispares en el pecho, enseñarte mi posición para dormir, cómo me gusta el café con leche, el número de azucarillos, mis libros preferidos, lo que espero de la vida, lo que no me atreví a hacer y lo que sí, puedo incluso intentar decirte la verdad de lo que pienso cuando te miro, mi odio y mi amor unidos, mi crisol de realidades, cuándo sueño con palomas, plazas y un abrazo, cuándo quisiera estar tan solo en el mundo y cuando me moriría si nadie me diese la mano, puedo contarte de qué podría llegar a ser capaz, para bien o para mal, dónde nací y los aromas que me habitan. Puedo darme a ti hasta la injusticia, entregarte mi última dignidad de vivo. Sin embargo ni siquiera así podrás dar conmigo, porque soy algo mucho más allá de todo esto, que ni siquiera yo sé.

Inspiración

La inspiración es el camino al inconsciente.

martes, 2 de febrero de 2010

Wanted

Para encontrarme he decidido asaltar con sigilo mi casa, abrir silenciosamente todas las puertas, y escrutar casi a oscuras todas las estancias. Luego al alba descorreré las cortinas, para que la luz de la mañana ilumine delatora todas las dudas y rincones que hayan podido quedar intactos.
Entonces proseguiré por la cocina, atisbaré entre armarios y cajones en busca de alguna huella de mi vida, empezaré por el azúcar y el café, galletas e infusiones, conservas varias y al fin el frigorífico; los aromas siempre esconden recuerdos, alguna picante pista o una agridulce nostalgia ya caduca; no guardo sin embargo muchas esperanzas en los guisantes congelados o similares provisiones bajo cero.
En el aseo sólo me interesa el cepillo de dientes y la máquina de afeitar, y el olor de las toallas, y los restos de mi rostro en el espejo.
Al llegar al dormitorio es posible que el sueño comience a vencerme, y tras palpar a ciegas el íntimo tacto de las sábanas, y mirar debajo de la cama, abriré el armario y memorizaré los colores de todas mis camisas, y me acostaré, arropado hasta los labios, para descansar un poco de mí mismo y de la vida.
Y si todo sale según lo planeado me despertaré, y acabaré de nuevo en el salón, haré café y abriré algún paquete de galletas, y sentado en ese viejo hueco que el sofá me hizo con el paso de los años, pensaré que todo ha sido un sueño.

miércoles, 20 de enero de 2010

Tú misma

Amabas las calles y los nombres, los rostros y las palabras caídas como lágrimas, los labios y esa forma de saludar con un imperceptible movimiento de vértebras y cráneo. Las sonrisas, un sinfín de ábacos y colores para ordenar el mundo, el viento y las semillas y una luz atravesando el espacio hacia tus ojos.
Duermes con la desnudez que da la infancia, y puedo ver aún tus párpados azules como pozos callados donde crecen los sueños, enredaderas y pájaros, multitud de secretos entre aceras y parques, cientos de palabras que brillan como gotas de lluvia o piedras preciosas. Afiladas pestañas te defienden, y eres la metáfora o el símbolo de una nostalgia que florece, susurro del mar que llevas dentro, caracola blanca que perdura eterna en la memoria.
Ahora eres algo más que esa plenitud sonora que atesora el silencio, algo más que el tiempo interminable más allá del olvido y la ceniza, algo más que yo y que tú en este instante, algo mucho más que todo esto, algo que no alcanzo y que reside en el último confín de la esperanza.

martes, 29 de diciembre de 2009

Lluvia Vieja

La lluvia cae tímida pero segura, constante y pertinaz dispuesta a invadir el mundo, a no dejar ninguna raíz en el alma sin cultivar, a negarnos el olvido de ser indefensas semillas a la intemperie del cielo y de la vida.
La lluvia viene de lejos, cargada de una memoria espesa, pesada de recuerdos y gris nostalgia, de infancia en fin, de oxidados alambres y azoteas, de primitivos días muertos.
La ciudad asume la condena de las alcantarillas, como bocas ahogadas por un cielo de alquitrán, las manchas y cicatrices de sus fachadas en declive, el reflejo de un sol frío y gris en los altos edificios de cristal.
Tú me miras como hace muchos años, allá al fondo de ti misma reverberan viejas esperanzas, una juventud ya caduca, una sonrisa desgarrada y desnuda frente al mundo. Eran otros tiempos, otras sábanas, cielos más livianos, perentorios en su afán de viaje, fue descubrir el mundo a cada paso, de sonrisa en sonrisa y de vaso en vaso, llorar como lloran los incrédulos, refugiándonos en ilusiones y pasión con la cursi pose con la que se miran las estrellas.
Tú me miras y te amo, fíjate qué cosas, a mitad de una vida y de camino a sobrevivirnos a nosotros mismos.
Hoy te amo como nunca y para siempre, fíjate qué vulgar, hoy que la lluvia enternece todas las raíces, y el calendario se acaba y el otoño que barre las últimas hojas, y yo daría mi vida por ti.


(Feliz nuevo año y gracias a todos por vuestra compañía y vuestras palabras, un sincero abrazo desde mi raíz).

martes, 22 de septiembre de 2009

Cada noche

Cuánto de lejos queda el mundo, cuando la noche te abraza la soledad desnuda, y tu huida la dictan los párpados que ciegan, cayendo ya sin miedo hacia el olvido, en ese abismo donde todas las voces se confunden oscuras y lejanas, y los recuerdos son visiones imprecisas; el tiempo es un juego para niños, y es verdad no importa nada, porque el cansancio de la carne y el latido, y todo lo concreto y tú sobre las nubes, oníricas y púrpuras, no importa cómo y sin embargo algo así debe ser la muerte, un rendirse sin remordimiento, un claudicar ante lo ignoto, sin tristeza ni nostalgias, un ganarle definitivamente al miedo y a la angustia, un vencer incluso hasta la vida, donde por fin dejas tu herencia de ave migratoria, y tu silencio haciendo eco y resonando en aquellos que una vez amaron la cotidiana voz de tus palabras.

sábado, 25 de julio de 2009

Vete tú a saber

  Aquí ando, sentado sobre la tarde, trabajando, si trabajo se le puede llamar a estar recostado sobre un sofá gastado de no sé cuántos años, en un cuarto de hospital, de color rosa (el sofá), esperando a qué llegue algún demente, algún pobre diablo al que le tocó ser el loco del pueblo, o la maruja histérica de la calle, o el cabrón yonki busca-broncas que ahora resulta ser una enfermedad, trastorno límite de personalidad lo bautizaron eruditos de ultramar y transpirenaicos.
  Así digo, algo cansado y aburrido, en este sábado luminoso de julio, entre cristales y barrotes, sedantes y un silencio que amortigua la angustia que ya no nos parece tanta, porque si no apaga y vámonos. He dormido seis horas quizás, he tardado otra media en despertarme, la ducha, el café, los bártulos, las persianas hasta abajo porque es verano, los vaqueros que aún huelen al humo de la noche de ayer que pasan del suelo a mis piernas y cintura, el golpe de la puerta, el doble giro de la llave y hasta mañana si dios quiere, que decía mi abuela.
  Esta noche seguiré aquí, quizás aturdido porque el sufrimiento, fingido o no, pida turno y forme cola como en los mercados, quizás no, quizás fumando cigarrillos y pensando en no sé qué cosas de mi propia vida más allá de este oficio, del trabajo del que me sustento, que amo y odio a iguales partes.
  Dentro de unos días estaré en no sé cuál cala desierta del mar mediterráneo, y estoy seguro de que no me acordaré de este sábado pulcro y blanco, de barrotes y cristales, y olor a alcohol desinfectante y olor a no sé qué que huelen los hospitales. Entonces seré yo, otro yo distinto a éste, que también soy yo sentado en un sofá rosa y viejo de un cuarto de hospital, y llevaré la pechera descubierta, y un bañador muy fashion hasta las pantorrillas que me compré en un viaje a Costa Rica, y me tostaré como un cangrejo, y si no hay nadie me bañaré en pelotas, y me encenderé un cigarrillo igualmente, pensando seguro en no sé qué cosas de la (mi) vida, sin responsabilidad ninguna, y en este caso quizás, ese joven médico serio, amable y educado, se acuerde de su infancia, o vete tú a saber.

miércoles, 29 de abril de 2009

Será mañana

  Será mañana, cuando la luz naciente te acaricie los párpados, y de repente despiertes, algo desorientada, con la radiante lucidez de quien ha de morir y lo había olvidado. 
  Pensarás en las palabras, en el ansia, en el artificio de los sueños. Entonces vendrá el abismo por un instante, porque no habrá escalones hacia ninguna parte, ni truco tras la magia, ni párpados que se cierren y se escapen, ni forma de negarse a ser parte de la nada.
  Te rendirás entonces, con los ojos somnolientos encallados en la pared o el suelo cotidianos, el techo o el armario de costumbre, y las manos aún lentas en el tacto de la almohada y de las sábanas calientes que te tapan.
  Y todo será más fácil, más sencillo, sin dudas ni preguntas superfluas. Tan sólo una suave calma, iluminada por el alba, y una felicidad porque al fin y al cabo tan sólo esto: cierta levedad y el recuerdo de antaño, cuando la muerte no era palabra, mientras regresas al mundo de los sueños, y también las estrellas se rinden y se apagan, como tus párpados, y el sol nos besa omnipresente la suerte de los labios.

lunes, 27 de abril de 2009

Atardecer

  Sigo detrás de la tarde, antes de marcharme lejos, sigo buscándola con el afán de la tristeza, con el afán de los pájaros que cantan la muerte sobre los árboles, con el afán del aire, que recorre sus calles despidiéndose.
  Sigo detrás del ocaso, como quien sigue a una lagartija entre hojas secas malherida, o mira a un gato tuerto cruzar por los tejados, con la misma ausencia del que dice adiós sin esperanza.
  Sigo detrás del incendiado horizonte hasta su muerte, con sus pájaros caídos en silencio, con sus árboles quietos y sin aire, con su instantánea en blanco y negro para el olvido.
  Luego me doy la vuelta y canto, adentrándome en la noche, porque sé que tras su abismo vuelve el mundo, y sigo vivo.

lunes, 20 de abril de 2009

Receta de payaso (el escritor inédito)

Necesitas un poco de la ausencia, de la vieja sombra de la tristeza detrás de ti, con sombrero quizás o gabardina, dándole ese toque cinematográfico que a menudo a la vida le falta.
Necesitas un poco de dolor, ahogado y seco, de un solo trago, sin gritos y sin lágrimas.
Necesitas un buen caldo de recuerdos, viejos y manidos por el uso; las madres de la memoria en constante metamorfosis, su vertido al presente de colores y luces delatoras e inesperadas.
Necesitas soledad, y una lucidez oscura y profunda, somnolienta, que sepa buscar las puertas traseras del instante, que se niegue a desalojar a la angustia del sueño, que traiga a flote, con el afán indestructible del cazador, el surrealismo y la locura que nos hace.
Necesitas todo esto, cada vez que lo intentas, y te maquillas en silencio, con toda tu ausencia y tu tristeza; mirándote al espejo con el dolor a flor de piel, colgandote el vivo disfraz de recuerdos sobre los hombros, y la angustia como ridícula nariz roja y absurda. Lo último es el bombín de la soledad, mientras la gabardina y su parda lucidez te devuelven una sonrisa ensayada, desde el espejo del cuarto de baño como camerino de inéditos.
Así ya estás, de nuevo preparado, y así te sientas ante otra tarde para que dore con su silencio tus juegos de palabras.
(Y eres feliz, de nuevo en el escenario.)

domingo, 19 de abril de 2009

Saudade

Acabas de ducharte, te secas con una toalla azul de manos que apenas puedes atarte a la cintura y que huele a tabaco; te secas con el humo invisible y cultivado, es lo que tiene una habitación tan pequeña y el vicio del cigarro.

Te vistes con medio pijama -los pantalones- y una camiseta vieja de algodón de manga larga. Te sientas en la silla, la toalla en el respaldo, miras a través de la ventana y comienzas con los dedos:

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, es lo mismo mientras cae la tarde, y los árboles se tornan grises, perdiendo la luz verde de sus hojas, sombras ya acariciando el cielo rojo, como plumas o pinceles que lo pintan, que habrán de dibujarlo hasta la plena oscuridad del olvido y de la nada...”

Hoy tienes saudade, supones de la infancia -no eres tan viejo-, supongo de tiempos mejores, más felices, más lejanos al fin y al cabo, quién sabe lo que fueron.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, no sé dónde va, no sé lo que quiere. Los árboles me miran, me inquieren lo irrevocable. El cielo me mira, no sé lo que quiere, no sé lo que hace...”

Hoy tienes saudade, parece una excusa aceptable; vas a parar, un momento, para beber agua....y vuelves, abres la ventana -aún los pájaros cantan- invitando al humo a marcharse.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo escudriño, parece que se va a morir, parece que está triste...”

Hoy tienes saudade, y el cielo parece acompañarte, o así quisieras, o así nos cuentas.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo sopeso, qué voy a hacer contigo pienso, cómo puede ser que hasta mí hayas llegado para morirte, eres el primer cielo de mi vida entre mis manos; y vienes para morirte. Los árboles nos miran, te buscan, a mí no pueden pintarme...”

Hoy tienes saudade, sin saber exactamente qué significa, pero sintiéndola como el cielo entre tus manos; qué maravilla pensarían muchos, y estiran los brazos con las manos abiertas.

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano, lo miro en silencio, lo sopeso, pero no pesa y ya se ha muerto. Ya se ha muerto pinceles, o plumas, u hojas de árboles. Ya sólo un gurruño, el papel de un niño dibujado.”

Hoy tienes saudade, y ya se va, y de camino viene el hambre, y el sol es ya sólo un recuerdo en la retina. A punto de acabar yo decidido imitarte, porque también es mía la nostalgia, y el hambre, y la tarde ida, y la noche que se abre para abrazarnos en uno solo en esta ciudad lejana. Déjame que te escriba, que me escribas:

“Hoy tengo saudade, o nostalgia, y el cielo acurrucado todo en la palma de mi mano; lo miro en silencio, lo sopeso, pero no pesa y ya se ha muerto, y va directo a la basura, como poesía caducada, el cielo y la saudade, como usado chicle sin sabor, porque la cena espera, y voy a lavarme las manos, y esta noche las sábanas soñarán con tabaco...