jueves, 23 de julio de 2009

Vacante cielo

  El cielo hoy está de vacaciones, y el sol se ha ido y no hace calor sino un viento fresco que parece primavera o más bien otoño, con un silencio inadvertido entre las calles, y coches, pocos, que pasan y algún obrero del estío que corta metales con una sierra, y otros en la plaza que beben cerveza en su descanso de las once y desayuno con un bocata de chorizo.
  Hoy el cielo se ha marchado quién sabe por qué, quizás al norte, habré de preguntarle a mi primo si allí llueve porque en el norte siempre llueve, quizás cansado de tanto calor de tanto peso, de tanto brillo y ausencia, de tanto silencio amortajado con sábanas blancas y mojadas en cuartos sombríos, mientras el tiempo de la tarde devora el mundo y nada pueden los termómetros ni los cactus casi minerales en su exorcismo en las ventanas.
  Dicen los que saben que mañana volverá, si todo sale bien, es decir según lo esperado, el sol radiante arrastrando un cielo mejorado, más azul, casi transparente, pálido azul, algo tembloroso quizás, porque dicen que se bañó en el mar en su escapada, y al agua en agosto no está acostumbrado.

lunes, 20 de julio de 2009

Como flamencos o tortugas

Caminaban todos juntos, en silencio y fila india; cada uno pisaba las huellas del otro, y así iba quedando el rastro de uno solo. Con los ojos bien abiertos, escudriñaban cada detalle entre las ramas, detrás de los arbustos, a cada lado, más allá del cielo verde que los arropaba. Hasta sus oídos llegaban ruidos y cantos de todos los tipos y colores, murmullos y crujidos de ramas al correr, respiraciones entrecortadas y batir de alas cercanos. Toda la música de la selva se iba abriendo a su paso, para cerrarse de nuevo a las espaldas del último guerrero o explorador.

  Cuando llegaron a los límites del bosque el aroma del salitre y el rumor de las olas rompiéndose en la arena se volvieron más embriagadores. Muy lentamente, sin hacer ningún ruido, con una prudencia que era casi miedo, asomaron sus tiznadas caras por entre los árboles últimos que se enfrentaban al rompiente mar y la desnuda e indefensa explanada de arena. 

  Más allá de estar vacía, se encontraba abarrotada de felices domingueros, veraneantes y bañistas en carne viva, con cientos de sillas plegables, toallas, sombrillas y neveras esparcidas a lo largo de toda la playa. Eran una manada ruidosa y chillona, que rompía cada año por las mismas fechas la natural calma de la isla. 

  Ellos sabían que su presencia, de carácter estacional como la de los flamencos o las tortugas, no duraría más allá de los días finales de septiembre, cuando los últimos ejemplares abandonaban la herida y desgastada arena, dejando múltiples deshechos que luego ellos se encargarían de recoger para facilitar su regreso la siguiente temporada.

  Hoy elegirían, como todos los años, al mejor espécimen de todos, no muy viejo pero tampoco excesivamente joven, a ser posible de carnes prietas pero engrasadas, pues era de sobra conocido que las vetas del tocino hacían más sabroso el manjar. También como siempre sería a la caída del sol o en la noche, cuando más indefensos se encontraban, pues eran animales de mañana, y además apenas tenían visión en la oscuridad. Eran inteligentes sin embargo, y aunque individualmente no tenían defensa alguna, como manada podían llegar a ser bastante peligrosos. Por ello el hecho de sólo coger a uno cada verano, era algo que podían llegar a aceptar sin enfurecerse en exceso, sabían que ese era el tributo que debían pagar y que el resto corría a cuenta de un azar desconocido.

  Ellos, los otros, volverían sobre sus pasos a la mañana siguiente con el trabajo hecho, y un día inexacto de agosto celebrarían una vez más, en algún recóndito lugar de la selva, la particular festividad de su poblado con el asado de uno de nosotros.

  Ese año tampoco me tocó a mí. Había estado toda la primavera preparándome; todos sabíamos de sus gustos, y esa era la verdadera razón de nuestra común y obsesiva dieta antes del verano.

jueves, 16 de julio de 2009

Vacaciones

  El muerto, aún somnoliento y con los huesos algo desencajados, se sacudió el polvo acumulado por los años. Quedó por un momento pensativo, casi absorto, mientras las cuencas de los ojos se le acostumbraban a la luz, hasta que un puñado de recuerdos momificados se le vinieron al cráneo como caídos del cielo. Una vez orientado comenzó a caminar, dando algún traspiés por el cementerio. Se paró en el semáforo, cruzó la calle con cuidado y torció la primera esquina a la derecha. El edificio seguía igual, algo más viejo, aunque el portal lo habían reformado. No se molestó en leer los nuevos nombres en el buzón. Cogió el ascensor y subió a la casa. No reconoció muy bien el antiguo olor, que ahora se mezclaba con aromas de lavanda. También los cuartos habían cambiado, pero no le costó encontrar el armario multiusos y coger una toalla grande y esponjosa como las que siempre le gustaron. Luego se apresuró camino de la estación. Tenía poco tiempo que perder, y siempre quiso ver el mar.

miércoles, 15 de julio de 2009

Ilusiones de verano

  Me sorprende la luz de julio, escalando por la mañana y tus ojos verdes y ausentes, me sorprende su caída lenta y dura, sobre vacaciones y recuerdos, siestas y sopores, nostalgias cercadas por el presente y esperanzas como cometas de mar y montañas.
  Desde aquí el trabajo sigue, desde este balcón al sur donde el cotidiano mundo interior se mueve entre sombras y termómetros, asaltado por lejanos parajes pasados y futuros, espejismos irreales del presente onírico, donde la vida sobrevive con aires acondicionados y crepúsculos, aún a falta de palabras y una poesía atrincherada en la garganta, que se niega a florecer en la canícula.

sábado, 11 de julio de 2009

Anonimato

Con los ojos abiertos,
aún caliente,
el muerto descansa, casi vivo,
sobre su lecho.

En un piso cualquiera,
de una ciudad cualquiera,
con una historia cualquiera
de secretos y mentiras.

martes, 23 de junio de 2009

Por este viaje

 Nunca fuiste la primera, nunca la más guapa, ni la más lista, ni la más buscada. Nunca fuiste el rayo de sol radiante, ni el reflejo deslumbrante de la noche, más bien una tibia primavera, un rincón entre luces y sombras, un secreto íntimo a medio camino de un lugar ignoto.

  Nunca fuiste heroína, famosa ni protagonista, esa fue tu suerte. Porque así te fuiste dejando vivir, con íntimos juegos de infancia, con gente como tú, con vidas anónimas y un puñado de sueños.

  Supiste de los besos claros como lunas, de labios rojos como flores rotas, de orgasmos reales y fingidos, tan auténticos, de senos y de mástiles. Supiste del alcohol y la pasión, de la tristeza y lo que duele, de una angustia a veces, tan real como la vida. Supiste que aquí no se regala nada, y que tampoco todo es justo como dicen, supiste caer y levantarte, niña y mujer en una sola.

  No puedo adivinar si tu vida fue de puta o abogada, si volverías atrás por un instante o para siempre. Sólo sé que nunca fuiste la primera, que no hubieras podido serlo, que te tengo enfrente de mis ojos, porque la vida a veces nos convoca en los mismos vagones, y el trabajo aún queda lejos, y por este viaje he decidido quererte.

miércoles, 17 de junio de 2009

Siete vidas

-Apuesto una de mis siete vidas a que esta partida te la gano.

El tiempo parecía pasar con una indolencia de limbo vacío.

Se escuchó un estruendo seco y repentino y el sordo golpe como de algo cuando se quiebra.

Así fueron cayendo todos los rehenes.

No eran gatos sino hombres. No era un cuento sino guerra.

jueves, 11 de junio de 2009

Ya te he dicho que no quiero (La vida moderna)

Ya te he dicho que no quiero, hoy no es buen día, tengo mil cosas que hacer, y desde luego hoy no tengo tiempo para morirme. Pásate mañana, y ya veremos.
La Muerte se dio media vuelta perpleja, no podía creer lo que acababa de oír, pensó que quizás debiera hacer algún curso de reciclaje para la vida moderna, se metió en la primera boca de metro que encontró, cabizbaja, esto ya no es lo que era.



(Este relato es mi aportacion a la idea de Malena de hacer un "taller de minis"; tanto este como todos los demas los podreis ir encontrando en ladistanciajusta, aunque por el momento la idea acaba de empezar y creo que solo hay publicado uno)

domingo, 7 de junio de 2009

Deseos

  Amanecía como cuando amanecen los días que no son del mundo. Con una luz ausente y dormida en el polvo de objetos pequeños. Sobre tus párpados, haciendo columpios entre pestañas, sobre tu piel, prendiendo el ingente amor nacido de la noche. 
Amanecía y eras tú de nuevo, era la mitad de una vida arrumbada entre recuerdos y otra mitad al borde del alba, arrastrada por las redes de tu pelo, arrancada del sueño y entregada con rumor de olas y gaviotas. 
Amanecía y sabía a mar, a salitre oscuro y a pura sal todo tu cuerpo, abandonada tras el sudor de tu latido, mientras abrías los ojos y tu mirada era de la profundidad más bella, más alucinada, y todo era una pausa, un interludio a la espera de tus labios, a la espera de un gesto mínimo de tu carne para romper el mundo entero en el beso de un instante. 
Amanecía, y no sé desde qué mundo o de qué poema viniste a despertarme, con la dulzura rota de mi semen, tu falso recuerdo, y toda una vida por delante.

Tu sombra

De espaldas al crepúsculo
te marca el camino.

De cara al alba
asume tu olvido.