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martes, 15 de octubre de 2013

Estado


           Ya siento como sube y me inunda de nuevo la fiebre, en esta tarde suave de otoño, aún luminosa y de brisa cálida, mientras escucho a mis hijas jugar y me dejo llevar por sus voces, por sus gritos, por el pequeño y constante estallido de felicidad de sus bocas, de sus cuerpos girando, corriendo, haciendo piruetas y tirándose al suelo como si la vida fuese tan sólo eso, un juego de luz sin relojes.
            Me dejo llevar por ellas, por su presencia sonora, por su grito vital, pueril y reivindicativo, por su latido veloz y rumoroso. Y a través de ellas me traslado a algún perdido rincón de mi infancia, a otra tarde, a otra luz, a otro rumor de vida que pasa; que ya pasó, un lugar que ya no existe más allá que en mi materia, en la masa oscura y ciega que me hace, en sus azarosos calambres luminosos que iluminan la blanda y frágil patria que es mi memoria.
            Yo soy, el único continente vivo de la atemporalidad del mundo, donde todo es posible, esa esquina errada donde acaban encontrándose pasado, presente y futuro.
            Eso somos, acá adentro, inconsciente niños que bailan y juegan con la luz del mundo sin tiempo, testigos de excepción de este extraño azar llamado vida.

            Cuando el sol acaba de hundirse en el último renglón del horizonte divisable, y su gajo ardiente de pura luz es ya tan sólo una miríada de recuerdos vagos y gaseosos, a modo de estelas de luz anaranjada y a la deriva en el cielo, ya la ciudad vuelve a recobrar sus tonos más grises y ocres, su apagada estancia de cemento y ladrillo, su realidad de morada fría histriónicamente adornada, contemporánea caverna que guarece al hombre de los peligros de la noche, aunque éste quede indefenso, a la intemperie de sus propios sueños. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Un nudo de palomas

  El verano era un nudo de palomas blancas y grises, llegadas desde lejos, desde algún invierno sobrevivientes; un nudo de palabras en la garganta, de llanto y de mejillas. El verano fue lo que quedaba, tras una primavera turbia de nieves sucias, de emociones ateridas por el frío, de nostalgia y castillos de hielo. Lo que quedaba era esa luz amarilla impregnándolo todo, las piedras y los árboles, una plaza antigua, un balcón desvencijado y recién nacido. Ahora, cuando la tarde cae lenta en su propio murmullo de aliento cálido, y la gente sale de sus casas y tú escribes de cara al mundo, ahora es cuando el verano es bruma de un sueño inacabado, que termina donde terminas tú, es decir en un nudo de palomas, en un balcón desvencijado, ante ríos de lágrimas que corren por tus mejillas; y no sabes por qué, porque el invierno no fue malo, y la primavera hizo florecer algunas cosas, aunque a veces no sabemos ni por qué.

martes, 13 de septiembre de 2011

Mariposas que arden

  El tiempo vuela, es más, los días y sus horas arden como mariposas alrededor de una eterna rueda de fuego. El pasado es ceniza, aromas que asaltan como fantasmas o tigres agazapados en un lugar cotidiano o anónimo, un reguero de fotos, recuerdos apenas que se dispersan en el aire y brillan por última vez a la luz del equívoco sol del presente, camino del olvido.
  Hoy en día el tiempo es una suerte de remolino oscuro, como esa pequeña corriente de agua que se perdía frente a tus ojos en el lavabo, por el desagüe de la infancia.
  El mundo está loco, podríamos decir. Pero hay locos mucho más cuerdos que el mundo.
  La incertidumbre está ya en el sabor del pan y la zozobra de los sueños.
  El miedo ya no es tan viejo como los cuentos.
  Quién sabe qué habrá de ser de nosotros, de todo lo bueno que nos hace y no se puede comprar ni pagar con dinero.
  Todo cambia, tan rápido, los días son mariposas que arden.
  Y tú me preguntas: qué hay de la poesía? Y yo me meto la mano en el corazón, y sólo puedo mostrarte esto.

lunes, 11 de julio de 2011

Yuxtaposición

  Asumo de nuevo mi coartada, osease mi vida, mi silencio, mi tarde, mi tristeza. Regreso de la vida, aturdido aún por una lucha interminable, y feliz sin embargo enseño mi colmillo.
  Regreso a reinventarme, regreso a esos ojos invisibles que me escuchan, que me leen con la muda comisura de los labios, regreso al corazón que late adentro de tu pecho y a mí me da la vida, y un rostro, y una historia más real incluso que estos dedos que te narran, que me narran, que proyectan mi futuro en tu cabeza, que me hacen por un instante casi ubicuo e infinito, y sólo tuyo. Y así, sutilmente, ya no soy yo el dueño de estas letras, de este susurro batiente de palabras, ya no escribo yo, ya eres tú la que me vives, ya eres tú la que proyectas en mí tu propio sueño, ya soy todo yo tu pensamiento, tu deseo, tu silencio, tu tarde, tu esperanza y tu tristeza. Ya eres tú la dueña, la diosa inmortal, la ubicua, la infinita.
  Pero he de volver, una vez más a la coartada y a la tarde, y seré yo entonces quien te libere de tanta eternidad, y volverás a ser mortal, y yo tan sólo estas palabras.

sábado, 21 de mayo de 2011

Nocturnidades (I)

  Esta noche el cielo desmonta un sinfín de latitudes


                                     y el viento se cuela


                                                                      por entre las rendijas del horizonte...

jueves, 19 de mayo de 2011

Declaración de intenciones

Desde aquí, desde este lugar de la noche, desde este rincón digital del mundo, desde este sentir oculto y protegido por las propias sombras

escribo para ti

                                                                    y para ti


y para ti

                                                                                                          clandestinos

también de la vida



suicidas en potencia


                                                           del propio corazón.

viernes, 8 de abril de 2011

Palabras

  Tus palabras aquel día eran hermosas y redondas, dulces y tímidas, temerosas como duraznos recién amanecidos. La luz a través de las cortinas de seda blanca penetraba la estancia y adoraba tu cuerpo desde el balcón de mis ojos. Yo te adoraba, desde el silencio te amaba mientras iba recogiendo como un niño tus palabras al igual que mágicos y extravagantes mecanismos, tus palabras recién caídas de tu boca, recién paridas por tu sexo, tus palabras que hablaban de futuro, de la esperanza y el amor anidados en tu vientre, tus palabras sin más nuestro futuro. Esa fue la mañana de mi vida, y de la tuya. Luego vino el resto del mundo inesperado, la aventura de vivir sin condiciones, el inexorable riesgo del latido. Luego vino el coche, la velocidad y el instante, el accidente y todas las palabras desparramadas de tu boca, ensangrentadas. Ese fue el trágico final de tu futuro, de mi futuro, de tus palabras que ahora asumo mientras los duraznos se pudren en la eternidad de ese instante y de la noche.

sábado, 5 de marzo de 2011

A medio camino

  Sentado ante la mesa negra el niño escribe y escribe sin mancharse las manos, dibuja con los labios mudos las palabras que van coloreando sus ojos, el niño escribe y escribe, inventa y sueña, el niño sobre la mesa negra, con viejas fotos en las paredes que la mañana ilumina más allá del cristal que las protege. Sus dedos a tientas no temen, conocen bien el camino, sin miedo se abalanzan sobre el paisaje, y suenan las teclas negras, sobre la mañana y el mundo lejos, suenan y suenan las manos del niño que ya no se mancha las manos, manos que aún recuerdan el tacto de los lápices, de las ceras y la tierra, manos viejas de un niño que se mesa la barba, y por un momento se siente perdido, a medio camino de su infancia y un poema.

martes, 18 de enero de 2011

Presente, pasado, presente.

  Hoy la tarde ha dado un giro inesperado. De repente, al dar las seis en una esquina me he encontrado contigo, o mejor dicho con tu espalda. Y te he seguido, sigiloso y a distancia, me he dejado llevar por tus deseos, por tus calles y rincones, como un espía o un voyeur, y la ciudad ha sido otra, poco a poco, ha ido cambiando de reloj y de horizonte, de sonrisa y de mirada, de paisaje; y su luz se ha vuelto oblicua, y se ha inclinado interrogante, algo más real, con más arrugas e imperfecciones en mi rostro, para luego acariciarme, y entonces los aromas, los colores, el lugar de una infancia extraña y recuerdos que he dudado míos; y he vuelto a descubrir la vida desde abajo, a poco más de un metro del suelo las tardes son más largas, y el horizonte cuando arde es una fábrica de sueños; y así, en mi persecución absorto y perdido te has dado la vuelta, y me has mirado en silencio, y me has preguntado quién soy, y no he sabido contestarte.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Nocturno Ave Fénix

  Tú que ríes, tú que besas, tú que amas; tú que eres una sombra chinesca en la noche anaranjada. Fantasma de la noche, esclava del amor en llamas, tú que estás más allá del miedo y la muerte, más allá de la desidia, más allá del abandono, más allá de toda la mortalidad que nos erige, sirena callada, que miras ausente, que rompes el aire a carcajadas, que bebes, que sueñas, que vives, que ardes como carne de cenizas que habrá de soplar el viento, como carne que no han de catar los gusanos. Tú que eres lo demente y la demencia, la cordura desmembrada, lo real que queda más allá de la piel y sus defensas, al fondo del silencio, en el último confín de la palabra que esconde la única verdad que late en la sangre que nos riega y nos engendra, en el sexo último, pájaro huidizo de sombra y deseo, onírico símbolo y realidad equívoca; yo te he visto, no lo dudes, yo lo juro, yo he escuchado tus pasos en la madrugada, y sé que existes, desvelado sé que pasas, te siento, como recorres mi piel en un escalofrío, fugaz figura en la ráfaga del coche que pasa, irredenta dama de la ciudad nocturna y de todo el universo que late desnudo, cuando tu infinito cumpla y tu hora llegue, sólo tú habrás de resurgir por encima de la colosal e incandescente pira de tu alma.

lunes, 25 de octubre de 2010

Digresiones (en el silencio)

  Es tarde, muy tarde, tan tarde que quema la tarde, ardiente y roja, como un alma a punto de incendiarse.
  Es noche ya, y un silencio que no se interrumpe por nada, y una oscuridad que se parece a la muerte o a algo llamado desconocido. Y siempre tú, y yo, y todo lo que no existe pero forma parte de nosotros, todo lo que la vida nos hizo sin darse cuenta, todo lo que somos pese a tantas cosas, y por culpa de tantas otras.
  Estas palabras, palos de ciego entre la luz y el sueño, entre la vida y la nada; la angustia de ser en una sola palabra.
  Siempre esta espiral que se perpetua en su crecimiento estancado en una sola tarde, aquella desconocida tarde de una infancia de la que ya casi todo es inventado, y sin embargo es el único mapa del alma.
  La vida es otra cosa, una película proyectada en un cine a las afueras, en los arrabales de todo aquello que no se ve, más allá, mucho más allá de uno mismo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Una vez más

  La tarde se repite, inconclusa, laberíntica, espiral, renovada, interminable. La tarde y tu rostro. La tarde y tu cielo. La tarde y tus hojas. La tarde y sus ojos. La tarde y tú acá adentro, entre mis manos y mi pecho, la escarlata luz de vuestro sueño, de vuestra inquina, de vuestra esperanza ocupando el presente y mi vacío. La tarde y tú como amantes de un fuego marchito, de una estepa baldía, dueñas de un horizonte que no se alcanza, que no se acaba, que no perece cristalizado en mis pupilas, hombre de provincias, hombre pobre que aspira a la inmortalidad de la tarde, al ideal imposible de tus labios, tú que no habrás de existir nunca, y que no morirás sin embargo, hasta que este corazón lo haga, hasta que estos dedos no bailen, hasta que esta tarde interminable no nos lleve arrastrados por su penúltimo sueño.
  La tarde se repite, una vez más, tan sólo es eso.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Frente a frente (borrador descartado de locura o muerte)

Qué me queda de ti, sumido en las simas de la tarde, bajo la sombra larga y su olvido alado, qué me queda de ti, en la caída desde el cénit al silencio inerme de la muerte, muerte de viejas luces, horizonte de palabras muertas.
Qué me ha de quedar de ti le pregunto a este espejo, muerte joven que a través de los años me persigues, de sueño en sueño, de cielo en cielo, de noche en noche, de árbol en árbol y voz a voz, sombra a sombra, beso a beso, grito a grito, palabra a palabra, a través del silencio y su desierto vivo, a través de mis ojos y su luz callada, caricia a caricia y odio a odio, a través de los ríos, las ciudades y las montañas, a través del secreto y de sus aguas, a través de la mentira y sus verdades, dolor a dolor, de amor a esperanza, de ciego a ciego, de golpe a golpe, de sexo a sexo, de jaula a jaula, de cordura a locura y viceversa, de ti a mí y a ti y a él y a mí de nuevo, de angustia en angustia, a través de las arterias, de venas a corazón, de sesos a uñas, de palabras, de palabras siempre, de segundo a segundo, de año en año, a través del ocaso y del alba, a través de todos y todos los mundos, a través de la nada, de la nada al infinito y al fin a mí, por mí de nuevo.
Muerte querida, muerte nacida conmigo y para mí, compañera de vida, amante absoluta, vieja amiga qué me ha de quedar de ti, me pregunto y te pregunto frente al espejo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Lo celeste

Lo celeste nace de la insondable profundidad del horizonte, del más allá de su levante, de las tierras más al este, de sus ignotos mares, valles y montañas. Lo celeste viene arrastrando su túnica hasta este mundo llano, hollado de cenizas y rastrojos, macilento como el sol en su denuedo cada tarde, donde también cabe la sombra reverdecida de una esperanza ardiente y calma.
Lo celeste, ese lugar adonde vuelan los pensamientos más leves y pesados, sus largas colas cual cometas de palabras, las emociones que trascienden la recia cárcel de la carne y su secreto; lo celeste, red que se extiende y expande como una verdad indescifrable, arrastrando todo instante memorable, todo destello o latido superiores, dignos de la memoria primero y su postrero olvido eterno.
Lo celeste anida en las oscuras horas del sueño y de la muerte, en su urgencia de llama e incendio, en su paciente y segura marcha absoluta y triunfal sobre el ajado calendario de los muertos de los muertos, para luego renacer, triunfo de los días, más allá de todo lo vivido.
Lo celeste son tus ojos, y tu vestido a veces, y tu pañuelo que vuela por encima de los árboles, y tu sonrisa rota por el blanco de tus dientes, y tu vientre, lo celeste a veces, el insomne sueño de tu vientre que crece desde las raíces de tu sexo y de mi sexo, desde tu deseo y mi deseo, porque a veces lo celeste es el amor, y otras sin embargo, la indiferencia de los dioses.
Y lo celeste, más allá de este pobre parlamento, es la excusa que yo tengo ahora, tan sólo ahora para quererte, así, de manera tan ciega, tan ignota, tan oscura y espiralmente celeste celeste celeste, cual misterio que trasciende las fronteras de la pura carne y la materia.